Cómo la capacitación no formal está fortaleciendo a la Iglesia global: Perspectivas desde América Latina
Una oportunidad —y una necesidad urgente— para los capacitadores de pastores
La Iglesia global está creciendo a una velocidad que los modelos tradicionales de formación ya no logran sostener. Cada día, miles de personas llegan a la fe, y con ese crecimiento surge una pregunta inevitable: ¿quién acompañará a estos nuevos creyentes, y quién preparará a quienes asumirán el liderazgo pastoral?
Los capacitadores de pastores de todo el mundo conocen bien esta tensión. La educación teológica formal sigue siendo fundamental, pero sus procesos suelen llevar demasiado tiempo o no están al alcance de muchos líderes que ya están sirviendo en sus iglesias y comunidades. Mientras tanto, se siguen plantando nuevas iglesias, los pastores reciben responsabilidades para las que quizá todavía no están preparados y la distancia entre la necesidad y la capacitación disponible continúa creciendo.
En este contexto, la capacitación no formal ofrece una respuesta ágil y pertinente. Sus procesos reproducibles, relacionales y adaptados a cada realidad permiten capacitar a pastores y formar nuevos capacitadores sin esperar años por soluciones institucionales.
Una conversación desde América Latina
En una reciente conversación en el Podcast sobre los Capacitadores de Pastores Globales, los pastores Leandro Adjian (Argentina) y Diego Leivas (Uruguay, actualmente sirviendo en Belice) se unieron a los anfitriones Robby Richard y Germán Ricca para compartir cómo la capacitación no formal está moldeando el liderazgo pastoral en América Latina, y por qué podría ser clave para el futuro de la Iglesia global.
Sus reflexiones apuntan a un tema central: cuando la capacitación es flexible, relacional y está arraigada en las necesidades reales del ministerio, se multiplica con mayor rapidez que los sistemas formales por sí solos.
1. Por qué la magnitud del crecimiento exige nuevos modelos de capacitación
La urgencia que enfrentan los capacitadores de pastores no es teórica; es medible.
Robby Richard mencionó estimaciones globales que indican que alrededor de 50.000 nuevos creyentes son bautizados cada día, y que responder a este crecimiento podría requerir millones de nuevas iglesias en todo el mundo en los próximos años. Al mismo tiempo, organizaciones dedicadas a la traducción bíblica están trabajando con la meta de completar traducciones en todos los idiomas para el año 2033.
La implicación es evidente: la Iglesia no puede depender únicamente de procesos de formación lentos y lineales para responder a esta realidad.
Como lo resumió Richard:
“Para tener más iglesias, necesitamos más pastores. Pero para tener más pastores, necesitamos más capacitadores de pastores.”
La capacitación no formal no reemplaza la educación teológica formal. Más bien, ayuda a cerrar la brecha entre la necesidad urgente y la formación a largo plazo, especialmente en contextos donde el acceso, el costo o el tiempo hacen que asistir a un seminario sea poco viable para muchos líderes.
2. La capacitación construye confianza —y revela vacíos ocultos
Tanto Leandro como Diego enfatizaron que la capacitación hace mucho más que transmitir información. También expone puntos ciegos y fortalece una confianza que muchos pastores no sabían que les faltaba.
Leandro describió cómo la capacitación transformó su comprensión del crecimiento:
“A veces pensamos que solo somos formados por lo que el Espíritu Santo hace en nosotros, y no nos damos cuenta de lo beneficioso que es sumar a nuestra vida las experiencias de otros.”
— Leandro Adjian
Lejos de reemplazar la dependencia del Espíritu Santo, la capacitación la complementó, aportando perspectiva, herramientas y discernimiento provenientes de la experiencia ministerial de otros.
Diego compartió una reflexión similar desde su propio proceso, señalando un obstáculo común que ha observado en América Latina:
“La idea de ‘yo tengo el Espíritu Santo’, que es verdadera y esencial, casi se convierte en una excusa para esconder el orgullo.”
— Diego Leivas
Para Diego, recibir capacitación no formal despertó una confianza que no sabía que necesitaba:
“Cuando recibí ciertas herramientas, empezó a construirse esa confianza, y esa confianza generó un hambre por seguir capacitándome.”
— Diego Leivas
La capacitación no solo lo preparó para liderar; también despertó en él el deseo de seguir aprendiendo y de ayudar a otros a hacer lo mismo.
3. Multiplicar capacitadores, no solo participantes
Una de las fortalezas más claras de la capacitación no formal es su capacidad de reproducirse rápidamente.
Diego contó que, a solo siete meses de haber recibido la capacitación, ya había comenzado a compartirla con otros. Empezó con un pequeño grupo de seis pastores y predicadores, que en poco tiempo creció hasta reunir a doce participantes.
El proceso de capacitar a otros también afianzó su propio aprendizaje:
- La enseñanza reveló áreas que aún no comprendía por completo.
- La repetición consolidó lo aprendido.
- El modelo despertó en otros el deseo de capacitar a más líderes.
Como observó Germán Ricca, la capacitación no formal suele ir a la vanguardia precisamente porque se reproduce con mayor rapidez que los sistemas formales:
“La capacitación no formal está liderando el camino porque permite una reproducción más rápida.”
— Germán Ricca
Este efecto multiplicador refleja un principio sencillo pero poderoso: se aprende más cuando se enseña, y la Iglesia se fortalece cuando los capacitadores comparten intencionalmente lo que han recibido.
4. Mantener la capacitación breve, práctica y contextualizada
Ambos pastores enfatizaron que la efectividad depende de la capacidad de adaptación. Una capacitación que funciona en un barrio —o incluso en una iglesia— puede no funcionar a solo unas cuadras de distancia.
Leandro explicó cómo esta realidad moldea su enfoque en Argentina:
- La capacitación es breve y dinámica, respondiendo a cambios en la capacidad de atención.
- El contenido aborda presiones pastorales reales, no solo conceptos teológicos.
- Los líderes son equipados para enfrentar temas como la salud mental y emocional, cada vez más presentes en el ministerio.
Como él mismo expresó:
“La capacitación no es solo sobre teología; también se trata de equipar a las personas con herramientas prácticas.”
— Leandro Adjian
Diego reforzó la necesidad de rapidez y flexibilidad con una analogía clara:
“Si voy a esperar tres años de seminario para empezar a liderar una iglesia cuando hay un crecimiento de 50.000 personas al día, es como poner el carro delante del caballo.”
— Diego Leivas
Ambos coincidieron en que las fórmulas rara vez perduran. Las comunidades cambian. Las agendas cambian y las expectativas culturales también. De continuo, los capacitadores de pastores efectivos ajustan sus procesos para que las personas realmente puedan participar —y aplicar lo que aprenden.
5. Las relaciones superan los mayores obstáculos
Cuando se les preguntó sobre las barreras para capacitar a más pastores, ambos líderes señalaron que los desafíos principales no son la falta de información, sino las dinámicas relacionales.
Entre los obstáculos más comunes mencionaron:
- El orgullo, especialmente ligado a la edad o a la autoridad percibida
- La sobrecarga de información y el contenido no filtrado en línea
- La falta de confianza entre iglesias y pastores
- Las diferencias contextuales, incluso dentro de una misma ciudad
Para Diego, la confianza entre iglesias es uno de los mayores desafíos, pero también la clave para la multiplicación:
“Creo que las relaciones interpersonales, las relaciones cercanas con otros pastores, son fundamentales.”
— Diego Leivas
En lugar de criticar las carencias de otros, eligió invitar: compartir lo que le había ayudado y ofrecerlo generosamente.
Leandro, por su parte, entiende la capacitación como una extensión natural de la conexión:
“La capacitación comienza con las relaciones. No soy experto en todas las áreas, y necesitamos capacitación para diferentes situaciones.”
— Leandro Adjian
Las relaciones generan credibilidad, revelan aquellas necesidades reales, y abren puertas para la colaboración entre iglesias y redes.
Aprendizaje clave para los capacitadores de pastores
- El crecimiento de la Iglesia global exige modelos de capacitación más ágiles y fáciles de reproducir
- La capacitación no formal fortalece la confianza y permite reconocer debilidades en el liderazgo que antes no se percibían
- La multiplicación comienza cuando los pastores capacitados comparten de inmediato lo aprendido con otros
- La capacitación debe ser breve, práctica y adaptada a cada contexto local
- Las relaciones, la confianza y la oración son indispensables para formar nuevos capacitadores de pastores.
Como resumió Germán Ricca hacia el final de la conversación, para avanzar se necesita actuar con intención: orar, cultivar relaciones y capacitar a otros para que ellos también capaciten.
Leandro, por su parte, recordó a los oyentes que, a veces, el próximo paso es más sencillo de lo que parece:
Levantar nuevos capacitadores de pastores quizá esté “a solo una oración de distancia”.
Próximos pasos
- Escuche la conversación completa en El Podcast sobre los Capacitadores de Pastores Globales.
- Explore los recursos para capacitadores de pastores disponibles en la GProCommission.
- Comparta este artículo con algún capacitador de pastores o un líder de iglesia de su red.
Todos los pastores capacitados; y cada pastor, un capacitador.
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