El ministerio de la presencia: lo que los capacitadores de pastores pueden aprender del Salmo 78

Una crisis silenciosa en la capacitación pastoral

En diversos contextos y culturas, los capacitadores de pastores enfrentan un mismo desafío: las personas a quienes sirven llegan agotadas, aisladas y sobrecargadas mucho antes de necesitar más contenido. Muchos pastores ya cuentan con sermones, materiales y recursos suficientes. Lo que escasea no es información, sino líderes que estén dispuestos a estar presentes, sin prisa, y acompañarlos en su caminar.

A medida que los movimientos de capacitación crecen y las redes se expanden, la tentación es acelerar los programas antes que profundizar las relaciones. Y la formación no funciona así: la capacitación no ocurre a la distancia. Se va formando con el tiempo, en la vida compartida y al modelar una manera distinta de liderar.

Por eso, para los capacitadores de pastores la pregunta no es solo qué enseñamos, sino de qué manera estamos presentes.

Una conversación que replanteó el liderazgo

En una conversación reciente en el Podcast sobre los Capacitadores de Pastores Globales, el pastor Robert Bruneau —capacitador de pastores que sirve en toda Sudamérica junto a Mesa Global— compartió principios prácticos sobre liderazgo, descanso y presencia, forjados a lo largo de décadas de caminar con pastores y misioneros.

A partir de su recorrido como hijo de pastor, director de campamento y, hoy, como pastor de pastores, Robert llevó a los oyentes a una visión bíblica del liderazgo basada en el Salmo 78:72: integridad de corazón, junto con manos expertas.

A continuación, presentamos algunas lecciones especialmente pertinentes para los capacitadores de pastores.

1. La presencia no es una estrategia; más bien, es un modelo

Robert no describió su labor en términos de conjunto de procesos o innovaciones. En cambio, puso el acento en algo sencillo y cada vez menos común: el estar con las personas.

Para él, capacitar pastores a lo largo de una región extensa exige una presencia intencional y concreta. Eso implica visitar a los pastores en sus hogares, quedarse con sus familias, compartir la mesa, caminar juntos y escuchar sus historias.

“Para mí, estar presente como líder es mostrar a Cristo. Es encarnar el modelo de Jesús: preparar un pescado frito a la orilla del río y luego sentarse a conversar.”

Los correos, los mensajes y las reuniones en línea tienen su valor. No obstante, Robert señaló que muchos pastores rara vez disponen de un tiempo prolongado y sin prisas con otro líder. Cuando un capacitador decide pasar dos o tres días simplemente acompañando a un pastor, ese gesto transmite un cuidado que el contenido, por sí solo, no logra comunicar.

Para los capacitadores de pastores, esto cambia la manera de entender el liderazgo:

  • La presencia no “quita tiempo”; forma a las personas.
  • La relación sostiene la credibilidad.
  • Modelar importa tanto como enseñar.

2. La salud pastoral debe preceder a la productividad pastoral

Otro tema que volvió una y otra vez en la conversación fue la dificultad de los pastores —y de los capacitadores— para detenerse.

Robert fue directo al describir el orgullo cultural por el activismo y la presión de estar siempre “disponibles”. En muchas culturas, el descanso se percibe como debilidad, pereza o falta de compromiso.

Pero la Escritura presenta otro enfoque.

“El sabático no consiste en bajar el ritmo, sino en parar por completo.”

Robert subrayó que la historia comienza con descanso: el primer día completo de Adán fue un día para parar. Desde el inicio, Dios estableció ese patrón. Jesús mismo se apartaba de las multitudes y de las demandas del ministerio para descansar con sus discípulos.

Para los capacitadores de pastores, la conclusión es clara: no podemos promover lo que no practicamos.

Algunas implicaciones prácticas:

  • Enseñar a planificar el descanso antes de llegar al agotamiento
  • Modelar ritmos saludables en lugar de disponibilidad constante
  • Ayudar a comprender que el descanso es obediencia, no indulgencia

Robert relató que, de manera intencional, aparta a pastores por varios días —no para impartir enseñanza, sino para que descansen—. En algunos casos, incluso se les anima a no predicar el domingo siguiente, a fin de experimentar una pausa real.

3. El carácter se forja en un ritmo de vida, no solo en el aula.

Al reflexionar sobre el Salmo 78:72, Robert subrayó la primera expresión: “con integridad de corazón”.

Los entornos de capacitación suelen concentrarse mucho en las habilidades: predicación, liderazgo, evangelización, discipulado. Y si bien todo eso es importante, Robert también recordó a los oyentes que la formación del carácter necesita un entorno que favorezca tal proceso.

“El carácter se desarrolla cuando hay un ritmo de vida: cuando te detienes y reflexionas sobre el pasado, el presente y el futuro.”

Detenerse les permite a los líderes revisar su crecimiento, reconocer la obra de Dios y ajustar el rumbo. Sin ese ritmo de vida, las habilidades pueden desarrollarse más rápido que el carácter.

Para los capacitadores de pastores, surgen preguntas clave:

  • ¿Estamos formando líderes o solo mejorando el desempeño?
  • ¿Nuestros modelos de capacitación incluyen tiempo para reflexionar?
  • ¿Ayudamos a crecer en el ser, no solo en el hacer?

Robert destacó que cuando uno permanece en el hogar de otra persona, el carácter se hace visible. La presencia crea un entorno donde la integridad se modela con el ejemplo, no solo con palabras.

4. Las manos expertas importan, pero no bastan por sí solas

El Salmo 78:72 no se queda en la integridad; también habla de “manos expertas”. Robert fue claro: la capacitación de pastores necesita carácter y competencia.

Hay pastores con sólido conocimiento bíblico, pero con dificultades para manejar la ira o cuidar sus relaciones. Otros tienen apertura emocional, pero les faltan habilidades de liderazgo. Un pastoreo eficaz requiere equilibrio.

“Creo en mantener un balance entre el carácter —el ser— y las habilidades de las manos.”

Para los capacitadores de pastores, esto significa evitar los extremos:

  • No descuidar las habilidades en nombre de la espiritualidad
  • No ignorar el carácter en la búsqueda de efectividad

La capacitación debe atender ambas dimensiones de forma integrada y en el marco de relaciones reales.

5. La primera congregación es la familia

Hacia el final de la conversación, Robert compartió una reflexión muy personal a partir de Ezequiel 34. Al leer sobre el juicio de Dios contra los pastores negligentes, no pensó primero en su red ministerial, sino en su esposa y en sus hijas.

“Pensé en mi familia, mi primer rebaño.”

Ese momento redefinió su comprensión de la responsabilidad pastoral. La presencia en el hogar no es secundaria frente al ministerio; es parte esencial de él.

Para los capacitadores de pastores, este recordatorio resulta fundamental. Formamos a futuros líderes no solo por lo que enseñamos, sino por lo que priorizamos.

Algunas convicciones clave:

  • La familia no es un obstáculo para el ministerio; es un llamado dentro de él
  • Modelar presencia en el hogar da coherencia a lo que enseñamos a los pastores
  • Descuidar el primer rebaño debilita el liderazgo público

Aprendizajes clave para los capacitadores de pastores

  • La presencia transforma la vida de los líderes de una manera que ningún contenido logra por sí solo.
  • El descanso no es un premio por terminar la tarea; es un mandato bíblico.
  • El carácter se fortalece cuando hay ritmo, reflexión y vínculos reales.
  • Una capacitación saludable equilibra la integridad del corazón con manos expertas.
  • El ministerio de la presencia comienza en el hogar.

Próximos pasos

El camino hacia una capacitación pastoral saludable puede parecer contracultural, pero es profundamente bíblico. Bajar el ritmo, hacerse presente y pastorear con integridad de corazón y manos expertas sigue siendo igual de relevante hoy.

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